Por Rafael Navarro Barrón
Hace unos días refería de la entrevista realizada a un periodista Italiano que estuvo recientemente en Juárez. El extraordinario trabajo periodístico fue realizado por el experimentado reportero Emilio Arriaga Carrillo, en una entrega especial para la Revista Tal Cual que circula en Ciudad Juárez.
Posiblemente muchas personas han tenido la posibilidad de hurgar en la vida y pensamiento de Giovanni, el periodista en mención, este hombre que reconoce haber visto la muerte cerca en varias ocasiones; que ha llorado el deceso de corresponsales de guerra que lo acompañaban en la búsqueda de información de primera mano y que vino a esta frontera, motivado por las decenas de comentarios mundiales que se hacen en torno a Ciudad Juárez.
En ese dolor mundial, en esa herida abierta, Giovanni escribe de Ciudad Juárez en la ‘Gaceta X’ de Italia, una publicación que se ha engrandecido por el trabajo de su corresponsal.
La entrega periodística, por su importancia, la reproduzco en el espacio de Código Bering.
ESTA ES LA ENTREVISTA:
Se ha topado con la muerte cara a cara y hasta ahora ha salido airoso. Como corresponsal de guerra cubrió la feroz y manipulada guerra Golfo Pérsico; la caída de Saddam Hussein en el 2003; los movimientos armados en Pakistán, Libia, la India, en Afganistán, en Burundi, y ahora en el 2011 está en esta guerra del narco de Ciudad Juárez.
Es Giovanni de la ‘Gaseta X’ que se edita en Italia, y que tiene un tiraje y una penetración excepcional.
Este hombre, formado entre el sonar de las metralletas y los gritos de horror, relata los días de su cautiverio en la guerra de 1991, llamada la la Guerra del Golfo.
“Estuve preso en la ciudad de Vasora, en el sur de Irak, por los soldados de Saddam Hussein, estuvimos cautivos con otros periodistas de New York Times, Lemond de París, había colegas ingleses y americanos”, recuerda.
Giovanni estaba en el piso 16 del Hotel Palestina un día antes de la caída de Saddam Hussein, hablaba con su hijo por teléfono satelital cuando un disparo de mortero pasó debajo de sus píes 50 centímetros y mató a dos periodistas que estaban en el piso 15.
“Vi la muerte cerca, tras el impacto caí de espalda. Mi hijo de 8 años que estaba al otro lado del teléfono me preguntó sobre que qué era ese estruendo, me respondí que tal vez había caído una bomba en el jardín, que no pasaba nada y que yo le llamaría más tarde”.
Giovanni llegó de Italia para hacer unos trabajos periodísticos en esta frontera, con el objeto de completar el material de su sexto libro, que debe de salir el mes de septiembre a la venta, en italiano.
Oye Giovanni debes de haber tenido una extraordinaria experiencia como corresponsal de guerra. ¿Es verdad?
“Hay muchos tipos de guerras, hay guerras que se combaten con ejércitos, con bombas y bombardeos y aviones, pero la guerra cotidianas, las que libra la gente de todos los países, sobre todo de aquellos en donde hay problemas de pobreza, de desarrollo, de opresión, de violencia, esa es una guerra también, esa es la verdadera guerra de la época”.
¿Es la que se libra y seguirá toda la vida…?
“Sí, creo que sí. Lo que veo es que las guerras se multiplican, había un equilibrio precario que se había construido sobre el terror, los bloques, el bloque soviético, el bloque atlántico, pero más o menos controlaban los estados satélites, y cuando se derrumbó el muro de Berlín, salieron todas estas guerras de nacionalidad, guerras de religión, guerras de tribu, se complicaron las cosas y se multiplicaron los conflictos”.
Giovanni, tú has estado muy cerca de la muerte, en guerras donde se han dado de verdad, ¿Cómo le has hecho para salir del peligro sin Dios, como le haces para sobrevivir, siendo un ateo?
“Creo que el trabajo de periodista que he elegido, el trabajo de cubrir las zonas de guerra y las zonas de guerra servirán para donar, como una misión, los siento como un deber cívico, el informar al público de mi periódico, de mi revista, sobre hechos que nadie quiere saber, que nadie quiere escuchar. Sobre todo en los países ricos, en los países europeos, en donde yo vivo, la gente, los jóvenes quieren divertirse, quieren ganar dinero, hacer una buena carrera, y no quieren pensar lo que pasa en Pakistán, en India, en Afganistán, en Burundi, en países que ellos sienten lejos, los sientes alineados, creo que es importante que la información se haga, y se haga en una forma veraz, imparcial, sin olvidarse de guerras que pasan, y que la gente quiere olvidar”.
¿La gente se interesa en las guerras?
“Hay un egoísmo, hay una carencia de valores que se plantean cuando el dinero es lo más importante, la carrera, la plata, creo que si los jóvenes no tuvieran la información que les llevo con mi trabajo, no se interesarían. Lo que pasa en Afganistán, en otros países, pero vivimos en un mundo globalizado. Pero lo que pasa en México y en Afganistán, al final va a afectar a todo el mundo, no vivimos en un mundo separado, como era antes, vivimos en un mundo que es como una pequeña casa. Pero tenemos que ser conscientes que lo que pasa en Japón o en China, al final va a afectar a todo el mundo”.
¿Entonces el Tsunami que le pegó a Japón, al final nos va a afectar a todos?
“Sobre todo tiene repercusiones en la conciencia de la gente, había un movimiento en mi país, en Italia, los italianos vegetaron en el trabajo por el avance en lo nuclear, desde los años 80, y ahora los políticos están tratando de introducir la energía nuclear en Italia; porque dicen que se necesita más energía, y luego de lo que ocurrió en Japón, ahora nos vamos a replantear un año de suspensión de este proyecto nuclear, por lo que sucedió en Japón, nos han hecho ver que los avances nucleares no son avances seguros, hasta ahora que hay un problema de países que somos sísmicos, como lo es Italia, similar a Japón, tenemos temblores todos los años, y es muy peligroso. Hay alternativas en Alemania como el 15 o el 20 por ciento se produce con fuentes renovables y están haciendo inversiones importantes, se plantean la posibilidad de buscar otras alternativas, con el objetivo de llegar al 50 por ciento en la generación de energía con fuentes renovables. Hay una alternativa y esa es la idea que debemos consumar”.
Se puede producir energía limpia, alternativa, pero se requieren de inversiones importantes en tecnología ¿Verdad?
“Todos vivimos en un mundo globalizado, y lo que pase en cualquier lugar del mundo va a afectar a todos, por muy distantes que estén las naciones”.
¿Qué edad tienes?
“Cincuenta y nueve años, casi 60, en el mes de mayo 60. Ya tengo tres hijos grandes”.
¿Son longevos los italianos?
“Si, bastante, mi padre se murió a los 69 años, pero mi madre tiene 87, está muy bien”.
¿Qué dice ella de su hijo pata de perro, tan callejero?
“Está muy preocupada, ahora que está más anciana se preocupa más, todos los días le llamó por teléfono, le digo que no pasa nada. Pero ella ve la televisión y sabe lo que está pasando en Libia, en Afganistán, entonces está preocupada”.
En Ciudad Juárez no pasa nada lo que sucede en Libia y en Afganistán ¿Verdad?
“Ella no se preocupa de lo que pasa en Juárez, porque no sabe lo que realmente pasa en Juárez, pero creo que aquí es más peligroso que en países como en Libia, Afganistán y demás”.
¿Es verdad eso?
“Claro, para los periodistas. Mira en Libia ha habido casos de periodistas asesinados o que se vieron en peligro, deben de haber sido unos dos que se encontraron con retenes de la milicia de Gadafi y le sacaron la cámara y no pasó nada grave. Aquí en Juárez hay periodistas amenazados, hay periodistas asesinados, y la seguridad es poca, supongo que aquí es más peligroso el trabajo de un periodista que en Libia, en este momento”.
¿Es riesgoso ser reportero de guerra?
“Hay un problema en general trabajando en zona de guerra. Ahí es importante la experiencia, los periodistas asesinados durante los enfrentamientos de guerra por lo regular son jóvenes con menos experiencia, o bien pudiera tratarse de freelance, sobre todo estos últimos que siempre tienen que agarrar acciones de peligro lo más cercano para poder venderlos. Ese es un peligro grande, con la experiencia se pueden evitar los riesgos”.
De esas tus experiencia ¿a quién recuerdas de tus compañeros asesinados en las guerras que has cubierto?
“Hay muchos, pero recuerdo Hilaria Alpis”.
¿De dónde era?
“Italiana, de cadena 3 de la televisión de Estado, era bastante joven, tenía como 30 años, ella fue asesinada en Somalia durante una emboscada, murió ella y su camarógrafo. Eso me afectó mucho porque ella y yo fuimos compañeros de trabajo. El día de su muerte me tocó a mí encontrar su cadáver en el vehículo en el que fue acribillada; nos tocó esa vez a mí y a mi mujer, tuvimos que sacar los cadáveres del carro, transportarlos hasta el puerto de Movedizo, hasta donde llegó un helicóptero de los militares italianos, fue en 1994, había una misión de la ONU y había un contingente italiano, y llevaron los dos cadáveres hasta un portaviones, y yo tenía que regresar al hotel y sacar todos sus afectos personales. El equipaje, todas las notas, toda su documentación, y los transportaron a Roma con su familia”.
Se le viene a la memoria otro de los hechos violentos vividos durante su trabajo como corresponsal de guerra y lo narra:
“En el 2003, en Irak, estaba la guerra en el mes de abril del 2003. Un día antes de la caída de Saddam Hussein. Fue un día antes cuando llegaron los marines. Estábamos hospedados en el Hotel Palestina. Ahí nos concentramos todos los corresponsales de guerra. Yo estaba hospedado en el último piso, en el 16. A esa hora estaba en el balcón hablando por teléfono satelital con mi hijo. Mi hijo menor de 8 años estaba en Italia con mi esposa; mientras hablaba con mi pequeño sentí una explosión fuerte y del impacto me caí de espaldas, para atrás. Mi hijo escuchó todo, el estruendo, me preguntó que qué había pasado. Le dije que no pasaba nada, te voy a llamar más tarde, yo creí que un tiro de mortero había caído en el jardín del hotel, pero no, fue un proyectil de un tanque americano que paso como a 50 centímetros debajo de mi píes y pego en el piso 15, yo estaba en el piso 16. Los dos periodistas que estaban en el piso 15 fueron asesinados por el impacto del mortero. Uno era José Kouso, de la cadena 5 de televisión española, el otro era un periodista ucraniano de la Roike”.
Aún está fresco en su memoria lo que tuvieron qué hacer para bajar los cadáveres de los colegas que fueron sorprendidos por la muerte en el desempeño de su trabajo:
“Nosotros tuvimos que bajar los cuerpos por la escalera. No había elevadores, no había luz eléctrica, y los bajamos, uno ya estaba muerto y el otro murió minutos después”.
Hay otro recuerdo en su memoria: “Una colega de Corea fue asesinada en Afganistán en el 2001, mi amiga, y otros más que recuerdo que perdieron la vida durante este trabajo”.
Ver esos hechos violentos tan de cerca, ¿no obligan a los corresponsables de guerra a recibir algún tipo de atención psicológica?
“A pesar que ha habido momentos muy difíciles y peligrosos, creo que lo que más me impacta es ver morir a los niños. No me afecta tanto ver a los soldados morir, bueno es el trabajo del soldado, pero ver a civiles y sobre todo a los niños, eso en mi interior tiene un gran impacto”.
Geovani aprovecha este momento de la entrevista para beber un poco de la botella de medio litro de su agua electropura y dice:
“Te cuento esto, en el 2003, en Bagdad, una noche cayó un misil en un barrio popular. Once niños que jugaban al futbol fueron asesinados por el impacto. Los corresponsales salimos del hotel y nos trasladamos a visitar el lugar donde cayó el misil. Fue mucho el destrozo que hizo. Luego nos dispersamos y yo solo me fui a una Mezquita. Era el único periodistas extranjero en el interior de la Mezquita, ahí estaban todos los féretros de los niños muertos por el misil. Ahí estaban las familias, las madres. Yo tenía mi cámara en la espalda, estaba afectado por el ambiente, me encontraba al lado de un féretro bastante pequeño, al lado de un hombre que estaba como mudo. Entonces el hombre me pregunta en un idioma italiano perfecto, ¿tú eres italiano? Sí, le dije, ¿y como sabes hablar en italiano le pregunté? Me respondió que el italiano era la única lengua extranjera que hablaba. Me narró que estuvo 7 años en un barco de guerra iraquí, y que estuvo bloqueado en un puerto italiano durante la guerra Irak-Irán. Me explicó que este pequeño era su hijo. Apenas tenía 9 años de edad. Se llamaba Karrar.
Se le hace un nudo en la garganta al recordar esos hechos y amplía el recuerdo de los hechos:
“Me tocó ver cuando abrieron una pequeña puerta y procedieron a limpiar los cadáveres. En la creencia de ellos, antes de enterrar los cuerpos primero los lavan antes de enterrarlos. Luego de lavar el cadáver lo colocan en una sábana blanca y lo entierran directamente. Esa es la costumbre de los musulmanes”.
¿Te dijo algo el padre del niño de 9 años muerto por el misil?
“Sí, entró este hombre y me dijo pasa para que veas esto. Ahí estaba el cuerpo destrozado por los estragos del misil y me dijo si quieres tomar fotos, tómalas, yo quiero que el mundo sepa lo que estamos pasando aquí. Me emocioné mucho. El niño era rubio de pelo. Tenía un pantalón jeans, camisa de jeans, tenis Adidas de color blanco. En ese momento ese niño se me figuró a mi hijo. Eran de la misma edad, la misma manera de vestirse, estos niños son como los de nosotros, fue como me hubieran matado a mi hijo. Siempre me sentí fuerte para soportar estas escenas, pero ese día me doblé”.
Fresco en su memoria hechos de la guerra del Golfo Pérsico:
“Estuve preso y secuestrado en la guerra de 1991, en la guerra del Golfo. Fui preso en la ciudad de Vasora, en el sur de Irak, por los soldados de Saddam Hussein. Fuimos varios, ahí estuvimos periodistas de New York Times , Lemond de Paris, ingleses, americanos. Fuimos cautivos en un cuartel general. Vigilados por guardias, en una situación peligrosa. He visto como muchos colegas perdieron materialmente la cabeza, se pusieron nerviosos. No podían dormir en la noche, estaban preocupadísimos. Es que el sistema nervioso de cada individuo se porta de una manera diferente. Yo estaba muy tranquilo, estaba seguro que nada iba a pasar. No era la época de Al kaeda. No era la época en la que cortaban cabezas a los periodistas. Esa cautividad duró 10 días y al final nos entregaron a la Cruz Roja internacional, y en Jordania nos liberaron. Ahora las cosas son diferentes”.
En base a su peregrinar por el mundo de las guerras, sostiene que:
“Los tipos de guerra han cambiado mucho. Antes se sabía dónde empezaba la línea de fuego, donde estaba el frente. Ahora no es así, en la actualidad las guerras se mudaron, son guerrillas urbanas, son terrorismo. Son hechos violentos de todo género. Nunca se sabe dónde está la línea de frente y los periodistas se convirtieron en objetivos. Hoy se les secuestra a los periodistas para presionar, para que salga en los medios de comunicación. Son guerras mediáticas. Se utiliza la propaganda en una forma fenomenal”.
A Giovanni le gusta publicar la verdad antes que cualquier otra cosa, lo que hicieron los americanos con la guerra de Irak, siempre le ha molestado:
“Vimos como se manipuló la información en la guerra de Irak en el 2003. Se difundió una gran mentira, sobre todo cuando se difundió lo de las armas de guerra que tenía Irak. Todos sabíamos que no existían. Esa fue la gran mentira y dijeron que Saddam Hussein era una amenaza mundial y todos sabíamos que no era verdad”.
Antes los americanos decían lo contrario:
“Por años y años Saddam era el defensor contra Irán. El mismo occidente había financiado a Saddam, y de pronto se convirtió en su enemigo, como Gadafi ahora. Antes era un gran terrorista, luego se convirtió en amigo del occidente y hace dos o tres semana, hubo una transformación y se convirtió en un enemigo público número uno. Hay un cinismo en la política. No creo nunca cuando me hablan de derechos humanos, de democracia, cuando los norteamericanos hablan de exportar la democracia y que van a la guerra en Irak o en Afganistán para liberar a los pueblos y para exportar la democracia, esas son mentiras, todas mentiras, es una hipocresía total, son simples motivos económicos, estratégicos, no hay nada más”.
Analizaba los riegos de tu trabajo, y me cuestionaba ¿si no serás masoquista, que te gusta el dolor y andar en esos riesgos tan grandes?
“Noooo, como no soy católico, no soy masoquista. Me gusta la vida, me gusta comer, me gusta el vino, me gustan las mujeres, me gustan mis hijos, son mis hijos lo más importante que todo, mi familia, soy muy apegado a la vida, no quiero morir”.
¿Qué edad tienen tus hijos?
“Mi hija, la mayor, tiene 26 años, se parece a mí; mi hijo, el segundo, ya tiene 23 años y él se parece a su mamá. Estudia en Yale, en Estados Unidos, cursa la licenciatura en Economía, y el pequeño, apenas tiene 15 años, toca el violín, está en la preparatoria, ahora tiene 10 años tocando el violín”.
¿Es un virtuoso?
“Si no lo es, creo que va para allá. Lleva 10 años tocando”.
¿Nadie de tus hijos te salió futbolista, como un buen italiano?
“Somos aficionados. Es divertido porque nosotros somos de Milano, hay dos equipos, el Inter y Milán, yo soy del Milán, y mi hijo del Inter, siempre peleamos. El año pasado el Inter se convirtió en uno de los más fuertes del mundo. Este año el que puntea es el Milán”.
Ahí jugaba Ronaldinho ¿verdad?
“Sí, no soy muy aficionado, lo hago para pelear con mi hijo. Antes era un futbol diferente, los jugadores permanecían en el equipo por años. Hoy es diferente, los jugadores brincan de uno a otro equipo, y lo que antes era un deporte, hoy se ha convertido en un espectáculo”.
¿Cómo es un día de Giovanni en su casa?
“Cuando trabajo; trabajo mucho. Estos últimos dos días ha sido días tranquilos. Cuando estoy en casa, en Italia, paso la mayor parte del tiempo con mi hijo. Yo vivo afuera de la ciudad, y por la mañana llevo a mi hijo a la estación del tren, el se va a la escuela, yo me quedo en casa, estoy escribiendo un libro, tengo un jardín, este año he plantado como cinco nuevos árboles de manzanas y de peras. Normalmente me veo con amigos para cenar: nunca voy al cine, me gustan las películas en DVD”.
¿Qué auto tienes?
“Un Volvo, esa marca la han comprado los chinos”.
¿Es un auto económico?
“Nooo, es un carro bastante grande, familiar, siempre estoy cargando con plantas, con libros, es un carro grande, come mucha gasolina, es doble tracción, es importante cuando voy a la montaña, a la nieve. Me paso toda la jornada leyendo, escribiendo”.
¿No te regañan en casa cuando pasas la mayor parte del tiempo escribiendo y leyendo?
“No, mi esposa trabaja para la televisión. Entra temprano y sale muy tarde”.
¿Es novela el libro que estás escribiendo?
“No, es un libro de reportajes, se va a llamar historias de gentes que viven bajo pobreza, por diferentes motivos; hay refugiados, hay refugiados ambientales, refugiados económicos. Gente que en está en la guerra; gente pobre por el hambre, por la violencia.
¿Y cómo va tu libro?
“Bueno ya estoy cerrando la última parte, y esa va dedicada a Ciudad Juárez. El último capítulo es Ciudad Juárez, la ciudad de los muertos. Ya van aquí más de 7 mil muertos, en el país van 40 mil. Va a salir publicado en el idioma italiano, a lo mejor Pablo Ignacio Taibo II hace la traducción al español.
Escriba a Rafael Navarro dirjua@prodigy.net.mx
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Hace unos días refería de la entrevista realizada a un periodista Italiano que estuvo recientemente en Juárez. El extraordinario trabajo periodístico fue realizado por el experimentado reportero Emilio Arriaga Carrillo, en una entrega especial para la Revista Tal Cual que circula en Ciudad Juárez.
Posiblemente muchas personas han tenido la posibilidad de hurgar en la vida y pensamiento de Giovanni, el periodista en mención, este hombre que reconoce haber visto la muerte cerca en varias ocasiones; que ha llorado el deceso de corresponsales de guerra que lo acompañaban en la búsqueda de información de primera mano y que vino a esta frontera, motivado por las decenas de comentarios mundiales que se hacen en torno a Ciudad Juárez.
En ese dolor mundial, en esa herida abierta, Giovanni escribe de Ciudad Juárez en la ‘Gaceta X’ de Italia, una publicación que se ha engrandecido por el trabajo de su corresponsal.
La entrega periodística, por su importancia, la reproduzco en el espacio de Código Bering.
ESTA ES LA ENTREVISTA:
Se ha topado con la muerte cara a cara y hasta ahora ha salido airoso. Como corresponsal de guerra cubrió la feroz y manipulada guerra Golfo Pérsico; la caída de Saddam Hussein en el 2003; los movimientos armados en Pakistán, Libia, la India, en Afganistán, en Burundi, y ahora en el 2011 está en esta guerra del narco de Ciudad Juárez.
Es Giovanni de la ‘Gaseta X’ que se edita en Italia, y que tiene un tiraje y una penetración excepcional.
Este hombre, formado entre el sonar de las metralletas y los gritos de horror, relata los días de su cautiverio en la guerra de 1991, llamada la la Guerra del Golfo.
“Estuve preso en la ciudad de Vasora, en el sur de Irak, por los soldados de Saddam Hussein, estuvimos cautivos con otros periodistas de New York Times, Lemond de París, había colegas ingleses y americanos”, recuerda.
Giovanni estaba en el piso 16 del Hotel Palestina un día antes de la caída de Saddam Hussein, hablaba con su hijo por teléfono satelital cuando un disparo de mortero pasó debajo de sus píes 50 centímetros y mató a dos periodistas que estaban en el piso 15.
“Vi la muerte cerca, tras el impacto caí de espalda. Mi hijo de 8 años que estaba al otro lado del teléfono me preguntó sobre que qué era ese estruendo, me respondí que tal vez había caído una bomba en el jardín, que no pasaba nada y que yo le llamaría más tarde”.
Giovanni llegó de Italia para hacer unos trabajos periodísticos en esta frontera, con el objeto de completar el material de su sexto libro, que debe de salir el mes de septiembre a la venta, en italiano.
Oye Giovanni debes de haber tenido una extraordinaria experiencia como corresponsal de guerra. ¿Es verdad?
“Hay muchos tipos de guerras, hay guerras que se combaten con ejércitos, con bombas y bombardeos y aviones, pero la guerra cotidianas, las que libra la gente de todos los países, sobre todo de aquellos en donde hay problemas de pobreza, de desarrollo, de opresión, de violencia, esa es una guerra también, esa es la verdadera guerra de la época”.
¿Es la que se libra y seguirá toda la vida…?
“Sí, creo que sí. Lo que veo es que las guerras se multiplican, había un equilibrio precario que se había construido sobre el terror, los bloques, el bloque soviético, el bloque atlántico, pero más o menos controlaban los estados satélites, y cuando se derrumbó el muro de Berlín, salieron todas estas guerras de nacionalidad, guerras de religión, guerras de tribu, se complicaron las cosas y se multiplicaron los conflictos”.
Giovanni, tú has estado muy cerca de la muerte, en guerras donde se han dado de verdad, ¿Cómo le has hecho para salir del peligro sin Dios, como le haces para sobrevivir, siendo un ateo?
“Creo que el trabajo de periodista que he elegido, el trabajo de cubrir las zonas de guerra y las zonas de guerra servirán para donar, como una misión, los siento como un deber cívico, el informar al público de mi periódico, de mi revista, sobre hechos que nadie quiere saber, que nadie quiere escuchar. Sobre todo en los países ricos, en los países europeos, en donde yo vivo, la gente, los jóvenes quieren divertirse, quieren ganar dinero, hacer una buena carrera, y no quieren pensar lo que pasa en Pakistán, en India, en Afganistán, en Burundi, en países que ellos sienten lejos, los sientes alineados, creo que es importante que la información se haga, y se haga en una forma veraz, imparcial, sin olvidarse de guerras que pasan, y que la gente quiere olvidar”.
¿La gente se interesa en las guerras?
“Hay un egoísmo, hay una carencia de valores que se plantean cuando el dinero es lo más importante, la carrera, la plata, creo que si los jóvenes no tuvieran la información que les llevo con mi trabajo, no se interesarían. Lo que pasa en Afganistán, en otros países, pero vivimos en un mundo globalizado. Pero lo que pasa en México y en Afganistán, al final va a afectar a todo el mundo, no vivimos en un mundo separado, como era antes, vivimos en un mundo que es como una pequeña casa. Pero tenemos que ser conscientes que lo que pasa en Japón o en China, al final va a afectar a todo el mundo”.
¿Entonces el Tsunami que le pegó a Japón, al final nos va a afectar a todos?
“Sobre todo tiene repercusiones en la conciencia de la gente, había un movimiento en mi país, en Italia, los italianos vegetaron en el trabajo por el avance en lo nuclear, desde los años 80, y ahora los políticos están tratando de introducir la energía nuclear en Italia; porque dicen que se necesita más energía, y luego de lo que ocurrió en Japón, ahora nos vamos a replantear un año de suspensión de este proyecto nuclear, por lo que sucedió en Japón, nos han hecho ver que los avances nucleares no son avances seguros, hasta ahora que hay un problema de países que somos sísmicos, como lo es Italia, similar a Japón, tenemos temblores todos los años, y es muy peligroso. Hay alternativas en Alemania como el 15 o el 20 por ciento se produce con fuentes renovables y están haciendo inversiones importantes, se plantean la posibilidad de buscar otras alternativas, con el objetivo de llegar al 50 por ciento en la generación de energía con fuentes renovables. Hay una alternativa y esa es la idea que debemos consumar”.
Se puede producir energía limpia, alternativa, pero se requieren de inversiones importantes en tecnología ¿Verdad?
“Todos vivimos en un mundo globalizado, y lo que pase en cualquier lugar del mundo va a afectar a todos, por muy distantes que estén las naciones”.
¿Qué edad tienes?
“Cincuenta y nueve años, casi 60, en el mes de mayo 60. Ya tengo tres hijos grandes”.
¿Son longevos los italianos?
“Si, bastante, mi padre se murió a los 69 años, pero mi madre tiene 87, está muy bien”.
¿Qué dice ella de su hijo pata de perro, tan callejero?
“Está muy preocupada, ahora que está más anciana se preocupa más, todos los días le llamó por teléfono, le digo que no pasa nada. Pero ella ve la televisión y sabe lo que está pasando en Libia, en Afganistán, entonces está preocupada”.
En Ciudad Juárez no pasa nada lo que sucede en Libia y en Afganistán ¿Verdad?
“Ella no se preocupa de lo que pasa en Juárez, porque no sabe lo que realmente pasa en Juárez, pero creo que aquí es más peligroso que en países como en Libia, Afganistán y demás”.
¿Es verdad eso?
“Claro, para los periodistas. Mira en Libia ha habido casos de periodistas asesinados o que se vieron en peligro, deben de haber sido unos dos que se encontraron con retenes de la milicia de Gadafi y le sacaron la cámara y no pasó nada grave. Aquí en Juárez hay periodistas amenazados, hay periodistas asesinados, y la seguridad es poca, supongo que aquí es más peligroso el trabajo de un periodista que en Libia, en este momento”.
¿Es riesgoso ser reportero de guerra?
“Hay un problema en general trabajando en zona de guerra. Ahí es importante la experiencia, los periodistas asesinados durante los enfrentamientos de guerra por lo regular son jóvenes con menos experiencia, o bien pudiera tratarse de freelance, sobre todo estos últimos que siempre tienen que agarrar acciones de peligro lo más cercano para poder venderlos. Ese es un peligro grande, con la experiencia se pueden evitar los riesgos”.
De esas tus experiencia ¿a quién recuerdas de tus compañeros asesinados en las guerras que has cubierto?
“Hay muchos, pero recuerdo Hilaria Alpis”.
¿De dónde era?
“Italiana, de cadena 3 de la televisión de Estado, era bastante joven, tenía como 30 años, ella fue asesinada en Somalia durante una emboscada, murió ella y su camarógrafo. Eso me afectó mucho porque ella y yo fuimos compañeros de trabajo. El día de su muerte me tocó a mí encontrar su cadáver en el vehículo en el que fue acribillada; nos tocó esa vez a mí y a mi mujer, tuvimos que sacar los cadáveres del carro, transportarlos hasta el puerto de Movedizo, hasta donde llegó un helicóptero de los militares italianos, fue en 1994, había una misión de la ONU y había un contingente italiano, y llevaron los dos cadáveres hasta un portaviones, y yo tenía que regresar al hotel y sacar todos sus afectos personales. El equipaje, todas las notas, toda su documentación, y los transportaron a Roma con su familia”.
Se le viene a la memoria otro de los hechos violentos vividos durante su trabajo como corresponsal de guerra y lo narra:
“En el 2003, en Irak, estaba la guerra en el mes de abril del 2003. Un día antes de la caída de Saddam Hussein. Fue un día antes cuando llegaron los marines. Estábamos hospedados en el Hotel Palestina. Ahí nos concentramos todos los corresponsales de guerra. Yo estaba hospedado en el último piso, en el 16. A esa hora estaba en el balcón hablando por teléfono satelital con mi hijo. Mi hijo menor de 8 años estaba en Italia con mi esposa; mientras hablaba con mi pequeño sentí una explosión fuerte y del impacto me caí de espaldas, para atrás. Mi hijo escuchó todo, el estruendo, me preguntó que qué había pasado. Le dije que no pasaba nada, te voy a llamar más tarde, yo creí que un tiro de mortero había caído en el jardín del hotel, pero no, fue un proyectil de un tanque americano que paso como a 50 centímetros debajo de mi píes y pego en el piso 15, yo estaba en el piso 16. Los dos periodistas que estaban en el piso 15 fueron asesinados por el impacto del mortero. Uno era José Kouso, de la cadena 5 de televisión española, el otro era un periodista ucraniano de la Roike”.
Aún está fresco en su memoria lo que tuvieron qué hacer para bajar los cadáveres de los colegas que fueron sorprendidos por la muerte en el desempeño de su trabajo:
“Nosotros tuvimos que bajar los cuerpos por la escalera. No había elevadores, no había luz eléctrica, y los bajamos, uno ya estaba muerto y el otro murió minutos después”.
Hay otro recuerdo en su memoria: “Una colega de Corea fue asesinada en Afganistán en el 2001, mi amiga, y otros más que recuerdo que perdieron la vida durante este trabajo”.
Ver esos hechos violentos tan de cerca, ¿no obligan a los corresponsables de guerra a recibir algún tipo de atención psicológica?
“A pesar que ha habido momentos muy difíciles y peligrosos, creo que lo que más me impacta es ver morir a los niños. No me afecta tanto ver a los soldados morir, bueno es el trabajo del soldado, pero ver a civiles y sobre todo a los niños, eso en mi interior tiene un gran impacto”.
Geovani aprovecha este momento de la entrevista para beber un poco de la botella de medio litro de su agua electropura y dice:
“Te cuento esto, en el 2003, en Bagdad, una noche cayó un misil en un barrio popular. Once niños que jugaban al futbol fueron asesinados por el impacto. Los corresponsales salimos del hotel y nos trasladamos a visitar el lugar donde cayó el misil. Fue mucho el destrozo que hizo. Luego nos dispersamos y yo solo me fui a una Mezquita. Era el único periodistas extranjero en el interior de la Mezquita, ahí estaban todos los féretros de los niños muertos por el misil. Ahí estaban las familias, las madres. Yo tenía mi cámara en la espalda, estaba afectado por el ambiente, me encontraba al lado de un féretro bastante pequeño, al lado de un hombre que estaba como mudo. Entonces el hombre me pregunta en un idioma italiano perfecto, ¿tú eres italiano? Sí, le dije, ¿y como sabes hablar en italiano le pregunté? Me respondió que el italiano era la única lengua extranjera que hablaba. Me narró que estuvo 7 años en un barco de guerra iraquí, y que estuvo bloqueado en un puerto italiano durante la guerra Irak-Irán. Me explicó que este pequeño era su hijo. Apenas tenía 9 años de edad. Se llamaba Karrar.
Se le hace un nudo en la garganta al recordar esos hechos y amplía el recuerdo de los hechos:
“Me tocó ver cuando abrieron una pequeña puerta y procedieron a limpiar los cadáveres. En la creencia de ellos, antes de enterrar los cuerpos primero los lavan antes de enterrarlos. Luego de lavar el cadáver lo colocan en una sábana blanca y lo entierran directamente. Esa es la costumbre de los musulmanes”.
¿Te dijo algo el padre del niño de 9 años muerto por el misil?
“Sí, entró este hombre y me dijo pasa para que veas esto. Ahí estaba el cuerpo destrozado por los estragos del misil y me dijo si quieres tomar fotos, tómalas, yo quiero que el mundo sepa lo que estamos pasando aquí. Me emocioné mucho. El niño era rubio de pelo. Tenía un pantalón jeans, camisa de jeans, tenis Adidas de color blanco. En ese momento ese niño se me figuró a mi hijo. Eran de la misma edad, la misma manera de vestirse, estos niños son como los de nosotros, fue como me hubieran matado a mi hijo. Siempre me sentí fuerte para soportar estas escenas, pero ese día me doblé”.
Fresco en su memoria hechos de la guerra del Golfo Pérsico:
“Estuve preso y secuestrado en la guerra de 1991, en la guerra del Golfo. Fui preso en la ciudad de Vasora, en el sur de Irak, por los soldados de Saddam Hussein. Fuimos varios, ahí estuvimos periodistas de New York Times , Lemond de Paris, ingleses, americanos. Fuimos cautivos en un cuartel general. Vigilados por guardias, en una situación peligrosa. He visto como muchos colegas perdieron materialmente la cabeza, se pusieron nerviosos. No podían dormir en la noche, estaban preocupadísimos. Es que el sistema nervioso de cada individuo se porta de una manera diferente. Yo estaba muy tranquilo, estaba seguro que nada iba a pasar. No era la época de Al kaeda. No era la época en la que cortaban cabezas a los periodistas. Esa cautividad duró 10 días y al final nos entregaron a la Cruz Roja internacional, y en Jordania nos liberaron. Ahora las cosas son diferentes”.
En base a su peregrinar por el mundo de las guerras, sostiene que:
“Los tipos de guerra han cambiado mucho. Antes se sabía dónde empezaba la línea de fuego, donde estaba el frente. Ahora no es así, en la actualidad las guerras se mudaron, son guerrillas urbanas, son terrorismo. Son hechos violentos de todo género. Nunca se sabe dónde está la línea de frente y los periodistas se convirtieron en objetivos. Hoy se les secuestra a los periodistas para presionar, para que salga en los medios de comunicación. Son guerras mediáticas. Se utiliza la propaganda en una forma fenomenal”.
A Giovanni le gusta publicar la verdad antes que cualquier otra cosa, lo que hicieron los americanos con la guerra de Irak, siempre le ha molestado:
“Vimos como se manipuló la información en la guerra de Irak en el 2003. Se difundió una gran mentira, sobre todo cuando se difundió lo de las armas de guerra que tenía Irak. Todos sabíamos que no existían. Esa fue la gran mentira y dijeron que Saddam Hussein era una amenaza mundial y todos sabíamos que no era verdad”.
Antes los americanos decían lo contrario:
“Por años y años Saddam era el defensor contra Irán. El mismo occidente había financiado a Saddam, y de pronto se convirtió en su enemigo, como Gadafi ahora. Antes era un gran terrorista, luego se convirtió en amigo del occidente y hace dos o tres semana, hubo una transformación y se convirtió en un enemigo público número uno. Hay un cinismo en la política. No creo nunca cuando me hablan de derechos humanos, de democracia, cuando los norteamericanos hablan de exportar la democracia y que van a la guerra en Irak o en Afganistán para liberar a los pueblos y para exportar la democracia, esas son mentiras, todas mentiras, es una hipocresía total, son simples motivos económicos, estratégicos, no hay nada más”.
Analizaba los riegos de tu trabajo, y me cuestionaba ¿si no serás masoquista, que te gusta el dolor y andar en esos riesgos tan grandes?
“Noooo, como no soy católico, no soy masoquista. Me gusta la vida, me gusta comer, me gusta el vino, me gustan las mujeres, me gustan mis hijos, son mis hijos lo más importante que todo, mi familia, soy muy apegado a la vida, no quiero morir”.
¿Qué edad tienen tus hijos?
“Mi hija, la mayor, tiene 26 años, se parece a mí; mi hijo, el segundo, ya tiene 23 años y él se parece a su mamá. Estudia en Yale, en Estados Unidos, cursa la licenciatura en Economía, y el pequeño, apenas tiene 15 años, toca el violín, está en la preparatoria, ahora tiene 10 años tocando el violín”.
¿Es un virtuoso?
“Si no lo es, creo que va para allá. Lleva 10 años tocando”.
¿Nadie de tus hijos te salió futbolista, como un buen italiano?
“Somos aficionados. Es divertido porque nosotros somos de Milano, hay dos equipos, el Inter y Milán, yo soy del Milán, y mi hijo del Inter, siempre peleamos. El año pasado el Inter se convirtió en uno de los más fuertes del mundo. Este año el que puntea es el Milán”.
Ahí jugaba Ronaldinho ¿verdad?
“Sí, no soy muy aficionado, lo hago para pelear con mi hijo. Antes era un futbol diferente, los jugadores permanecían en el equipo por años. Hoy es diferente, los jugadores brincan de uno a otro equipo, y lo que antes era un deporte, hoy se ha convertido en un espectáculo”.
¿Cómo es un día de Giovanni en su casa?
“Cuando trabajo; trabajo mucho. Estos últimos dos días ha sido días tranquilos. Cuando estoy en casa, en Italia, paso la mayor parte del tiempo con mi hijo. Yo vivo afuera de la ciudad, y por la mañana llevo a mi hijo a la estación del tren, el se va a la escuela, yo me quedo en casa, estoy escribiendo un libro, tengo un jardín, este año he plantado como cinco nuevos árboles de manzanas y de peras. Normalmente me veo con amigos para cenar: nunca voy al cine, me gustan las películas en DVD”.
¿Qué auto tienes?
“Un Volvo, esa marca la han comprado los chinos”.
¿Es un auto económico?
“Nooo, es un carro bastante grande, familiar, siempre estoy cargando con plantas, con libros, es un carro grande, come mucha gasolina, es doble tracción, es importante cuando voy a la montaña, a la nieve. Me paso toda la jornada leyendo, escribiendo”.
¿No te regañan en casa cuando pasas la mayor parte del tiempo escribiendo y leyendo?
“No, mi esposa trabaja para la televisión. Entra temprano y sale muy tarde”.
¿Es novela el libro que estás escribiendo?
“No, es un libro de reportajes, se va a llamar historias de gentes que viven bajo pobreza, por diferentes motivos; hay refugiados, hay refugiados ambientales, refugiados económicos. Gente que en está en la guerra; gente pobre por el hambre, por la violencia.
¿Y cómo va tu libro?
“Bueno ya estoy cerrando la última parte, y esa va dedicada a Ciudad Juárez. El último capítulo es Ciudad Juárez, la ciudad de los muertos. Ya van aquí más de 7 mil muertos, en el país van 40 mil. Va a salir publicado en el idioma italiano, a lo mejor Pablo Ignacio Taibo II hace la traducción al español.
Escriba a Rafael Navarro dirjua@prodigy.net.mx
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